Reclamar una indemnización no es solo un trámite legal, también es un proceso de reconstrucción de tu propia historia. Cuando ha habido daño psicológico sostenido en el tiempo, como en el Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C), la memoria puede fragmentarse, volverse confusa o difusa. Precisamente por eso, el abordaje debe ser minucioso: no para forzarte a recordar, sino para ir recomponiendo, con cuidado, las piezas que expliquen qué te ocurrió y cómo te ha afectado. Y en este camino, es fundamental contar con apoyo profesional, tanto jurídico como psicológico.
Un primer pilar son los informes médicos. Cada visita a urgencias, cada consulta con tu médica de cabecera, psiquiatría, psicología o cualquier otro especialista, puede convertirse en una prueba clave. Siempre que sea posible, pide copia de los informes, diagnósticos, tratamientos pautados y recomendaciones. No se trata solo de “tener papeles”, sino de documentar la continuidad del daño: cuándo empezó, cómo ha evolucionado, qué síntomas se han ido registrando. Si en algún momento acudiste a urgencias por crisis de ansiedad, insomnio, somatizaciones o cualquier síntoma relacionado, ese registro también importa.
Junto a los informes médicos, es muy valioso que lleves un registro propio de fechas y eventos. Puedes hacerlo en una libreta, en un documento digital o en el formato que te resulte más cómodo. Anota, con la mayor precisión posible, los momentos que identifiques como significativos: qué pasó, dónde estabas, quiénes estaban presentes, qué desencadenó la situación y cómo te sentiste antes, durante y después. No hace falta que lo recuerdes todo de golpe; puedes ir completando este registro poco a poco, a medida que tu memoria se vaya abriendo.
Las características de cada evento también son importantes: si hubo amenazas, humillaciones, control, violencia física, psicológica o económica; si se repitió en el tiempo; si alguien más fue testigo; si lo contaste a alguien en ese momento. Anotar nombres de personas presentes, aunque no recuerdes apellidos, puede ayudar más adelante a localizar testigos o corroborar contextos. También es útil registrar lugares concretos: domicilios, centros de trabajo, espacios públicos, fechas aproximadas. Todo esto contribuye a dar coherencia a tu relato.
Un aspecto que a menudo se subestima, pero que es muy relevante, son los sentimientos presentes en cada recuerdo. Cómo te sentiste en ese momento y cómo te sientes ahora al recordarlo: miedo, vergüenza, confusión, culpa, rabia, bloqueo. Incluir estas emociones en tus anotaciones no solo ayuda a tu proceso terapéutico, también puede ser importante para mostrar el impacto subjetivo del daño. El TEPT-C no se limita a un hecho aislado, sino a una acumulación de experiencias que van erosionando la percepción de seguridad, la autoestima y la capacidad de confiar.
Tomarte tu tiempo para ahondar en tu memoria no significa presionarte para recordar todo, sino permitir que los recuerdos vayan apareciendo en un entorno lo más seguro posible. Hacer este trabajo acompañado de una profesional de la salud mental puede marcar una gran diferencia, tanto para tu bienestar como para la claridad del relato que luego se presentará en un proceso de reclamación. Del mismo modo, contar con asesoría legal especializada te ayudará a entender qué documentación es más relevante en tu caso concreto y cómo organizarla.
Reclamar una indemnización no borra lo vivido, pero puede ser una forma de reconocimiento y reparación. Documentar con detalle, cuidar tu memoria y tu salud mental, y rodearte de profesionales que comprendan la complejidad del TEPT-C son pasos esenciales para sostener este proceso sin volver a dañarte. No se trata solo de demostrar que el daño existe, sino de empezar a poner límites y a darle un lugar digno a tu historia.



